Playas, lo mejor de todo

Sin lugar a dudas lo mejor en Cabo Frío son sus playas. Bañada por el Océano Atlántico y por la Laguna de Araruama, la ciudad cuenta con más de 30 playas de aguas transparentes y arenas claras, algunas de ellas ideales para la práctica de deportes náuticos. Los amantes de la naturaleza encuentran en la Playa Brava el escenario perfecto para estar en comunión con el cuerpo y la mente. Con cerca de 400 metros de extensión, cercada por rocas con más de 20 metros de altura y de difícil acceso, la playa de aguas claras y agitadas atrae también a los surfistas. Quien busca un mbiente más adecuado para los chicos, donde puedan nadar y bucear sin la vigilancia constante de los padres, encuentra en la Playa de las Conchas el destino perfecto. En forma de concha, con arenas claras y finas y aguas de un azul sin igual, es ideal para los más pequeños, pero también agrada a los adultos, quienes pueden divertirse con la pesca, arrendar kayaks y caballos o simplemente tomar una cervecita bien fría en uno de los quioscos. Desde la Playa de las Conchas se puede ir a pie hasta la del Peró, donde las dunas de arenas finas y claras sirven de marco para las aguas azules y transparentes. Con mucho movimiento también, cuenta con decenas de puestos y quioscos. Es una de las favoritas de los surfistas y de los pescadores que ahí encuentran anchoas, salmonetes y abadejos. Este año, unos pingüinos venidos de la Patagonia se convirtieron en una de las principales atracciones de Peró. La Playa del Forte, otro emblema de Cabo Frío, también conocida como Playa de la Barra, posee un largo cordón de dunas, entre ellas la Dama Blanca, la más alta y extensa de la región. Bien en el centro de la ciudad, bordeada por bares, restaurantes y casas nocturnas, la playa está llena de puestos donde los turistas pueden saborear deliciosos mariscos. Desde ahí es posible ver el Fuerte São Matheus. Las Playas del Foquete, donde son realizados los campeonatos de surf; la de Coqueiral, rodeada de palmeras; la de São Bento, y la de la Isla del Japonés, de aguas mansas y cristalinas, son otras opciones.

De la naturaleza a la arquitectura

Antes o después de entregar el cuerpo al sol y al mar, se puede caminar por las calles del centro y descubrir algunos rincones que seguramente nos darán más que lindas fotos. Un ejemplo es el conjunto arquitectónico formado por el Convento y por la Iglesia de Nossa Senhora dos Anjos (Nuestra Señora de los Ángeles), en la plaza de Santo Antônio, muy cerca del Morro da Guia (Cerro del Guía). En el convento, una construcción típica del siglo XVII, que durante muchos años abrigó una escuela. Hoy funciona una sala de exposiciones y el Museo de Arte Sacra, declarado Patrimonio Histórico en 1982 y abierto para visitas de miércoles a sábado. Los paneles de los altares laterales, las piezas barrocas y las pinturas del techo de la capilla principal llaman la atención. Frente a este conjunto arquitectónico se encuentra el Cruzeiro de Santo Antônio, posiblemente construido en la misma época del convento. Atrás está la Capilla de Nossa Senhora da Guia (Nuestra Señora del Guía), edificada en 1740 por los padres franciscanos en el Cerro del Guía, desde donde se tiene una de las vistas más bellas de la ciudad. La Iglesia Matriz de Nossa Senhora de Assunção (Nuestra Señora de Asunción), de estilo barroco, y la Capilla de São Benedito completan el recorrido religioso-cultural. En la Plaza de São Benedito, donde fueron construidas las primeras casas de la ciudad, todavía es posible observar algunas construcciones de estilo colonial y estrechas calles adoquinadas.

Un símbolo de la ciudad

En ningún paseo puede faltar la visita a uno de los puntos de la fundación de la ciudad: el Fuerte São Matheus. La construcción, que hoy es un símbolo de Cabo Frío, fue erigida en 1620 con el objetivo de impedir el paso de los barcos franceses, ingleses y holandeses que llegaban en busca de especias. Situado en lo alto de un promontorio, en uno de los extremos de la Playa del Forte, muy cerca del centro urbano y del Canal de Itajurú, fue expropiado como Patrimonio Histórico en 1957. Levantado con piedra y cal, el fuerte posee cinco habitaciones que eran utilizadas como depósito de municiones, alojamiento de soldados, cocina y prisión. Hoy sus salas albergan exposiciones. Para llegar al Fuerte, desde donde se tiene una hermosa vista de la ciudad, es necesario atravesar un pequeño puente de piedras sobre las rocas. En lo alto del promontorio, los pescadores se mezclan con los turistas, que se deleitan con el paisaje y conocen los antiguos cañones utilizados para defender la ciudad y para anunciar el paso de barcos que seguían camino para Río de Janeiro.

Gamboa, la calle de la moda

Una de las vías más famosas de Cabo Frío no es reconocida por su verdadero nombre. La calle de la Gamboa es llamada, desde hace años, por los habitantes y turistas como “calle de los bikinis”. Y no es para menos. Allí se concentran más de cien pequeños talleres de confeccción de moda de playa. En las tiendas especializadas en ropa de baño, localizadas una junto a la otra, el visitante encuentra además de precios mucho más bajos que los ofrecidos en los shoppings de la ciudad, las últimas novedades de la temporada. Este año los tirantes de plástico transparente y los bordados, adornan la mayoría de los modelos expuestos en los escaparates. El rosa y el lila son los colores de la temporada. De los clásicos a los xóticos, hay de todo y para todos los gustos en esta calle, que también sirve de acceso a Búzios.




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